Introducción

Un relato corto de locura que nos invita a reflexionar sobre esas situaciones en las que nos obsesionamos en pos de una meta y muchas veces perdemos ligeramente la cordura.

Entramado Binario se trata de una de estas situaciones obsesivas llevadas al extremo.

Tiempo de lectura: ~ 3 minutos.

Entramado Binario

Aún no era mediodía y la alarma de incendio había sonado cuatro veces esa mañana. El ascenso de temperatura no parecía tener límite.

Con un gesto de disgusto en su rostro, Hernán se colocó los auriculares para atenuar el insoportable lamento de la sirena y cerró los ojos por un momento. Tenía que entregar un fragmento de código muy importante en el que había estado trabajando las últimas semanas y aún no lograba hacerlo funcionar, se estaba agotando el tiempo.

Decidió despejar su mente, fue a la heladera y tomó una cerveza. El calor era tan intenso que la bebida estaba algo tibia, aún así le proporcionó cierto bienestar. Luego de cinco minutos, con mejor ánimo, retomó su tarea. La temperatura continuaba su ascenso, lo sabía por el sudor de su frente que cada vez limpiaba con más frecuencia. Se sentía un poco adormecido por el alcohol, pero su trabajo estaba avanzando, finalmente había dado en la tecla y cada vez parecía faltar menos para terminar.

Estaba seguro de que tendría éxito porque ya había experimentado aquella sensación antes. Era como si todo su entorno se desvaneciera y sólo quedara él con su computadora, dialogando frenéticamente.

Amaba aquella sensación, podía pasar horas así y apenas se daba cuenta. Sus dedos subieron y bajaron una y otra vez en una danza infernal, casi parecían tocar una sinfonía abstracta que codificaba su mente y su corazón unidos formando decenas de líneas de código por minuto.

Cuando la última función fue escrita sólo faltaba la prueba final, había estado horas escribiendo sin hacer una prueba de ejecución. Los peores temores se hicieron presentes. La simulación comenzó a correr, probó cada función, examinó cada rincón del programa y a medida que iba descubriendo que todo era funcional, su corazón se llenaba de adrenalina.

Cuando probó el código de principio a fin y se dio cuenta de que funcionaba perfectamente, sin poder contenerlo más, soltó una carcajada ominosa que retumbó en la habitación y resonó en los pasillos del edificio. Aún sin detener su risa desenfrenada, comprimió el archivo y se dispuso a enviarlo por correo electrónico.

Pronto sería libre. Libre del calor sofocante que le hacía delirar, podría finalmente salir de su maldita habitación.

“Enviar”

De pronto todo fue calma, su mente estuvo en paz. Celebró el momento con sus ojos cerrados por unos minutos y luego los abrió lentamente.

Miró a su alrededor y todo le resultaba muy brillante, se veían colores hermosos y Hernán sentía como si estuviera flotando en una nube. Con ese sentimiento de profunda paz interior esbozó una sonrisa y volvió a cerrar los ojos, mientras el fuego trepaba por su silla y lo acariciaba dulcemente.