Introducción

“Retrato”es una historia que disputa las categorías misterio y locura.

Percibimos el mundo según dicta nuestra consciencia, en cierto modo, nuestra realidad es el resultado de las acciones que tomamos desde que somos conscientes hasta el instante actual. ¿Somos dueños de nuestra consciencia?

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Retrato

I. Oscuridad

Luz era una mujer de mediana edad que vivía sola, trabajaba en casa redactando artículos para el periódico local y no salía mucho. Su marido se había marchado hacía tiempo, ella creía que con otra mujer debido a que no podía darle hijos, pero nunca supo si eso era verdad.

En general todos los días estaba deprimida y no había mucho que pudiera hacer para olvidar su amarga soledad. Sus amigos, si así se les podía llamar, eran en realidad amigos de su marido, así que poco a poco fueron desapareciendo.

La hermana de su madre era la única visita que recibía ocasionalmente, venía a traerle algo de comer y hacerle compañía. Pero últimamente tampoco la veía porque estaba de viaje.

II. Luz

Un día mientras volvía de hacer las compras, cruzó la vista hacia el otro lado de la calle y vio a dos personas que la observaban con atención.

Eran niños, un chico y una chica que estaban detrás de un cerco algo descuidado. Luz se detuvo en seco, invadida por la curiosidad, soltó las bolsas de las compras y se dirigió hacia ellos. Una extraña sensación de bienestar nació de ninguna parte y la invadió completamente, tenía que conocerlos.

Un sonido atroz la sacó de su ensimismamiento

El aullar de la bocina de un auto que se acercaba a toda velocidad hacia ella. No tuvo tiempo de pensar, cerró los ojos  y se cubrió el rostro como si eso fuese a impedir el impacto.

 Durante un instante que duró una eternidad permaneció con los ojos cerrados, temiendo que el impacto de muerte ocurra si se atreviera a abrirlos. No fue así.

Cuando abrió los ojos vio al conductor del auto que le preguntaba si estaba bien, afortunadamente había podido esquivarla en el último segundo. Tardó un tiempo en recuperarse del shock, pero pronto recordó a los chicos que la observaban, los buscó desesperadamente con la mirada pero ellos ya no estaban.

Dejando al conductor perplejo se dirigió a la casa donde había visto a los niños, resultó ser un hogar para chicos sin familia. En ese momento no estaban los administrativos, pero el guardia de la entrada la dijo que volviera al día siguiente.

En la cartelera había un trozo de papel impreso con una fotografía que mostraba a los dos chicos que había visto anteriormente. Parecían ser hermanos y habían perdido a su familia.

Necesitaba verlos nuevamente.

III. Resplandor

En los siguientes días estuvo visitando el hogar en varias ocasiones, hablando con los administrativos, haciendo trámites, exámenes psicológicos y entregando documentos para poder formar una familia con los chicos.

El proceso había sido interminable y para su pesar no había podido ver a los hermanos, pero ya faltaba poco para firmar los papeles de adopción. Si todo iba bien, al día siguiente serían una familia. Y así fue.

Cuando llegó el gran día, se puso su mejor vestido y fue a finalizar el proceso. Al atardecer volvía a casa con ellos.

La casa de Luz volvió a tener vida, pronto los estantes y paredes se poblaron de retratos con fotos familiares, una nueva mano de pintura y el jardín floreció con variados colores que invitaban a sonreír.

IV

Pasaron algunos días y la tía de Luz vino de visita, estuvo un buen tiempo llamando a la puerta pero nadie contestó así que usó su copia de la llave para entrar.

La sala de estar se encontraba a oscuras ya que todas las cortinas estaban bajas, al encender la luz se encontró con una escena perturbadora.

Las paredes de la sala de estar se encontraban escritas en algunas partes, dibujadas en otras, en general descascaradas y enmohecidas. Los pocos retratos de días felices se encontraban boca abajo y sólo se veía uno que mostraba a Luz sola sonriendo en su jardín, plagado de plantas marchitas.

Junto al retrato había una nota escrita, un papel que parecía ser una solicitud de algún tipo, destacaba un gran sello color sangre con las palabras:

“NO APTA”